BULLING
r palos de ciegos, pues por ejemplo con los varemos con los que este estudio ha valorado el bulling, yo también fui víctima de acoso... Y no solo eso, también fui acosador implacable...y mas aun, un día era acosador y al siguiente acosado, a veces incluso, fui acosado y acosador al vez y mas de una en el mismo día... Bajo esta perspectiva yo mismo, sin necesidad de ningún estudio psicológico me hubiera tachado de esquizofrénico.
No se trata de minimizar el tema, pues sin alcanzar ni la mitad de lo que este estudio delata ya seria como para alarmarse. Pero si caemos en victimismos baratos, en estigmatizaciones al alcance de cualquiera, en generalizaciones tan generales que hasta el mas capullo pueda ser víctima de acoso, no llegaremos a dar ninguna solución al tema. El bulling, el acoso escolar, existe y es grave. Frente a quienes alegan que siempre existió, habría que recordar el cachete que te podía propinar, no solo tu madre (y no digamos del de tu padre, que ese era ya de órdago), sino le propio profesor, o incluso cualquier “mayor” que se cruzara en tu camino en el momento de hacer una barrabasada. Tampoco se trata de volver a la regla y el cinturón (métodos con los que, quede claro, nunca he comulgado ni ejercido), pero si que habrá de tenerse en cuenta la situación social actual.
Una situación en la que ambos cónyuges trabajan (y duramente). Se tiene menos tiempo, no solo para nuestros hijos, también para la propia pareja, para los amigos, ¡hasta para uno mismo! No acuso de dejación a nadie, pero si que hay que analizar las cosas desde la propia realidad y no desde los utópismos donde nos gustaría estar situados. La realidad es que no estamos siendo capaces de conciliar familia y trabajo y es ahora cuando se están empezando a pensar políticas que favorezcan esta conciliación. Pero hasta que se llegue a esa otra realidad, no dejamos de estar en la actual. Y tampoco vamos a entrar en las prioridades y en una argumentación anticonsumista, que es la salida mas facil y vanal para cuando tratamos el tema de la conciliación laboral en la barra del bar.
Lo primero habrá que definir claramente cual es el síntoma a tratar. Deberíamos definir universalmente el bulling, de manera que cualquiera pueda identificar si su hijo, su sobrino, su vecino, es víctima, acosador o voyeur. Porque en este problema existen tres agentes, el que da, el que recibe y el que mira. Desde mi perspectiva, me temo que donde mas ha calado la concienciación sobre este problema, ha sido en el ámbito escolar. Pero no desde las instituciones que debieran de ser garantes de la educación, tampoco por el profesorado, que se encuentra "mas perdido que un pulpo en un garaje", ni siquiera por los propios padres o tutores. Donde realmente a calado ha sido en el patio del colegio, entre los propios menores que viendo que nadie pone solución al problema, se esta cociendo una aceptación de “la justicia por su mano”. Y esto, al igual que en el oeste, lo que trae es violencia por violencia. Y en este panorama estamos. Estudio tras estudio, intentado analizar cual es la solución mas políticamente correcta, cuando nuestros menores, nuestros adolescentes ya están manos a la obra. Equivocadamente o no, ellos tienen esa realidad todos los días, al igual que nosotros tenemos la realidad de traer dinero a casa para alimentar a nuestra prole. Para ello trabajamos y trabajamos y dejamos en manos de instituciones tan burocratizadas la solución al problema que realmente abocamos a nuestros hijos a la ley de la selva.
Y mientras contabilizamos, porcentuamos el gradiente del problema, no atajamos la realidad a la que hemos de enfrentarnos: debemos entrar en esa selva escolar en la que vinen nuestros menores. Pero no cada cual por su cuenta, pues estaríamos actuando tan inmaduramente como nuestros menores, inmadurez que no se les puede achacar para culpabilizarlos, ya que es precisamente nuestra responsabilidad la de ayudarles, guiarles en esa maduración. Debemos atajar el problema desde el consenso, de manera organizada y directa. Como esperar a que las instituciones correspondientes reacciones, es esperar a que “las ranas canten flamenco”, desde las propias asociaciones de padres y puenteando a las instituciones, se podrían aplicar medida especificas y efectivas para ir atajando este problema desde las comunidades afectadas mas próximas al epicentro del conflicto; alumnos, profesorado y padres. Y el orden creo que debería ser ese, pues mientras los unos están en meollo, los otros aun estamos sin saber por donde nos da el viento. Aun sin saber como definir una realidad que ellos ya están viviendo. Y quien mejor que los propios protagonistas para orientar de manera mas efectiva las actuaciones conjuntas que se deberán dar. A los profesores y a los padres, las siguientes líneas del frente, les corresponderá evaluar de manera ponderada el problema expuesto y proporcionar las salidas pertinentes con la mayor presteza.

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