HOY ESTABA DESESPERADO…
No me gusta ver ningún deporte en general y, confesare también, que tampoco practico ninguno con mínima asiduidad. Partiendo de que la “barra fija” y el “levantamiento de vidrio”, que practico con devoción dogmática, no son deporte. Así, mis gustos, resulta que llega una hora televisiva en la que los deportes imperan cadenas de aquí, de allá y de acullá. Tal era mi desesperación que he acabado en TeleDonosti… Aunque lo negare ante cualquier jurado.
No es que esta televisión municipal fuera la excepción. De hecho, donde la calidad, tanto de contenidos como técnica, brilla por su ausencia, el meter un programa de deportes es suficiente para incrementar la audiencia hasta ese 0,000x % que consiguen este tipo de cadenas. En este caso, en “td” (así con minúsculas dicta el anagrama) estaban en una especie de debate mal llevado sobre el doping. Y en este tema, como en tantos otros, se me encrespa la vena.
El doping, es una estafa al aficionado de tal calibre que no entiendo como se permite. Porque no nos engañemos, el doping se permite, se incita y, en casos, hasta se obliga. Y eso, aun para un profano, tanto en afición como en la practica misma, es inaceptable. Sin embargo para el mas febril de los aficionados o para el mas acalorado seguidor de cualquier practica deportiva, parece (y recalco que parece) que este “detalle” le diera mas salsa a la contienda. Y se justifica; Si lo produce su cuerpo con naturalidad,… Si es que tenia un catarrillo y tomo una aspirina,…Pero fuera de las excusas de los propios afectados, esta la JUSTIFICACION por parte del aficionado en pro del espectáculo que se exige a las diferentes practicas deportivas.
En la practica de cualquier deporte, lo emocionante, lo que debería crear espectáculo es la superación de uno mismo. El doparse, es para empezar una estafa a uno mismo. Pero nadie dijo que uno por deportista se debiera ser digno. Lo grave es cuando por parte del aficionado se acepta, se asume y se aplaude. Porque aficionado también es ese que trabaja en la “cantera”, en el deporte inmediatamente posterior al cole… Y van y se dopan. Y todos las manos a la cabeza… ¡si es un xikillo!
Esta claro que el deporte es sacrificio, es entrega, es afición… pero ninguna de estas virtudes es lineal. Un día estas que te sales (producto de un entrenamiento serio y tal) y otro estas alicaído. Y cuando se esta de bajón es cuando es necesario el apoyo del seguidor. Pero muchas veces, cuando no das el cayo ese seguidor desaparece, igual que ha desparecido el espectáculo que se daba cuando se estaba en la cresta.
Y cual es la madre del cordero de toda esta lacra… ¡El vil metal!.
Si el deportista en cuestión gana una pasta indecente, tras el están las “casas” que patrocinan esos deportistas. Patrocinadores que sacan también una pasta gansa. Por otro esta el aficionado que pide que ese deportista este siempre al 100%, pues el para verlo a pagado un dinero (que no son dos duros) y pide espectáculo. Espectáculo como si pidiera sangre. Pero este segundo caso vende feo.
¿Si no hay doping, no hay espectáculo?... ¡Pues a la mierda el espectáculo!

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